Me gustaría que alguna vez todas las personas que me leyeron en este blog, en esos años tristes, melancólicos, nostálgicos y de angustia... supieran que hoy estoy bien; que todo fue parte de un proceso que me llevó a este momento de mi vida. Donde estoy más segura de mí misma, donde aprendí a conocerme, a aceptarme, y dejar que me conozcan. Ojalá todos ellos, que hoy -la mayoría- han dejado el mundo del blog, y me han acompañado en tantas letras y emociones.. supieran de mi presente. Quizás ya no les importe, pero al menos para que sepan que se puede, que todo el cristal que veíamos empañado en la tristeza un día puede desempañarse. Ojalá supieran que la vida, o mejor dicho, yo... volví a darme una oportunidad. De sonreír, de ilusionarme, de creer en alguien y mostrarme vulnerable ante esa persona. Que entiendan que a veces es imposible entender todo el proceso, excepto una vez que pasó. Que lo importante es confiar en uno e intentar aprender de sí mismos. Aceptar que quizás somos distintos a lo que siempre creímos y que todo el tiempo podemos descubrir algo nuevo en nosotros que nos enseñe a volver a empezar. Sin borrar el pasado, sino procesándolo, entendiéndolo y continuando. A todos ustedes, antiguos lectores y escritores de este mundo intenso que es el blog, les deseo lo mejor. Que cada uno haya podido encontrar ese rastro de felicidad perdida que se les escapaba de las manos, que cada cual haya visto su vida reflejada en los ojos de alguien más. Que no se rindan, porque nunca sabemos cuándo podemos volverlo a intentar. Y si bien soy la menos indicada para aconsejar, porque este blog siempre fue de introspección y de mí, sí puedo decirles que no hay nada más importante en la vida que aceptarse a uno mismo. Ya sea que haya cosas que no te gusten, la cosa no es cambiarlo, sino aceptarlo e intentar usar eso que sos en algo productivo. Porque hasta de lo malo podemos sacar algo bueno. Hoy el amor (como hace tres años) es un cable a tierra. Hoy, las personas que me acompañan día a día las elijo, las personas que ya no están acepto que se fueron o dejé ir, y aprendo a los golpes a valorar a quienes dieron su vida por mí, porque quizás hoy no estaría acá pudiendo escribir esto. Este redimirme con Dios que no dejó de esperarme. Solo faltaba que yo tomara la decisión de hacerlo. Y si bien tengo muchísimos miedos encima por las cosas que estoy por vivir. Seguiré enojándome, angustiándome, desilusionándome, equivocándome... pero creo haber aprendido que todo es parte de un algo, y que uno sólo puede entenderlo y hacer algo con eso. Sin tenerlo claro siquiera, simplemente confiando.
En vos mismo, en tu humanidad, que es lo último que tenés que perder.
No te la arrebates nunca.
Creé, en vos.
Siempre en vos!