Pensar a veces en todas las cosas de las cuales nos quejamos. Por sentirnos abandonados, por no encontrarnos, por perder de rumbo lo importante. Y ahí, cuando todo parece derrumbarse, la mano que te saca de aquel pozo. Y entonces.. ¿deja de importarnos lo que tiempo atrás nos carcomía el alma? ¿olvidamos lo triste que andábamos?. Pareciera que devolvernos la paz perdida hace que nos sintamos bien con nosotros mismos, y nos enfocamos en todo lo que dejamos atrás en nuestra vida. Y en el camino olvidamos a la persona que nos devolvió la sonrisa, el ego por el amor a uno mismo se interpone y deja de lado lo que tanto nos disgustaba. Me pregunto si el ser humano es por naturaleza egoísta y de poca memoria. Si cuando nos sentimos bien olvidamos el por qué no nos sentíamos así y de toda la gente que estuvo a nuestro lado. Si al final merecemos el dolor que nos atraviesa el alma un miércoles por la mañana. Y reflexiono. Sobre el tiempo que dejé en la basura en esos días de vacío interminable, en esa gente que me dio la espalda y me dejó deshecha de tristeza. En todos los que alguna vez me hicieron daño. Y me olvidaron. Y ahora, con esa nueva luz que recae sobre nosotros, ¿por qué olvidamos a los que se quedaron? ¿por qué recordamos de repente todo lo que tenemos para recorrer y queda en segundo plano el sentimiento que creímos jamás volveríamos a experimentar? ¿por qué esa manía de querer estar siempre en otro lado?. A veces parece que estamos perdidos por siempre, que no reconocemos los cambios por más que nos escupan en la cara. Porque una y otra vez los volvemos a resucitar. Y te necesito, como otras veces no. Y tengo miedo de que dejes todo por un algo que quizás sea eterno pero también fugaz. Como las ilusiones y la fantasía de la felicidad.
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